Fue la pluma

Las utopías posmodernas sobre la educación –como las lecturas de Jacotot que hace Rancière, o la relectura del Emilio de Rousseau en esta clave– se transforman en distopías posapocalípticas cuando nos asomamos a su potencialidad en el mundo real. En los últimos días, el hartazgo que producen los paros docentes en buena parte de la sociedad –y que se debe, pura y estrictamente, a un problema material y no pedagógico o formativo– derivó en una –nueva– campaña de desprestigio del trabajo de los maestros. La exhibición de “resultados” que dicen que la “educación es un desastre”, y su análisis simple y lineal, lleva el caudal de todas las culpas al cuerpo docente: esos soldados de trinchera que todos los días, por un salario exiguo, se meten en el aula para tratar de atajar a una sociedad descompuesta, regresiva y excluyente, y tratar de edificar, con esos escombros, algo.

Uno de…

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