Los encubridores del encubrimiento

Crónicas del Nuevo Siglo

 

El crimen de Santiago Maldonado fue encubierto desde antes que se cometa.

Lo encubrieron los que arrasaron con los  pueblos originarios al sur del Río Colorado, a finales del siglo XIX.  Le llamaron “Conquista del Desierto” a lo que no fue más que un miserable asalto armado de territorios habitados por miles de años por mujeres, hombres, ancianos y niños que no tenían posibilidad alguna de resistir el poderío de las modernas armas de fuego ni la maldad infinita de los soldados de Roca y sus herederos del Ejercito nacional.

El genocidio fue culminado con el robo de las niñas y los niños que pasaron a ser sirvientes a tiempo completo y absoluto de las ricas y los ricos de Buenos Aires. O sea de los Bullrich, los Echevehere y los Martínez de Hoz. Esclavos para ser precisos.

En el relato de los orígenes de la nación argentina los…

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Un mundo sin docentes: mitos y realidades de la escuela

Fue la pluma

Las utopías posmodernas sobre la educación –como las lecturas de Jacotot que hace Rancière, o la relectura del Emilio de Rousseau en esta clave– se transforman en distopías posapocalípticas cuando nos asomamos a su potencialidad en el mundo real. En los últimos días, el hartazgo que producen los paros docentes en buena parte de la sociedad –y que se debe, pura y estrictamente, a un problema material y no pedagógico o formativo– derivó en una –nueva– campaña de desprestigio del trabajo de los maestros. La exhibición de “resultados” que dicen que la “educación es un desastre”, y su análisis simple y lineal, lleva el caudal de todas las culpas al cuerpo docente: esos soldados de trinchera que todos los días, por un salario exiguo, se meten en el aula para tratar de atajar a una sociedad descompuesta, regresiva y excluyente, y tratar de edificar, con esos escombros, algo.

Uno de…

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MACRI AUTORIZÓ A GERARDO MORALES A PONER EN MARCHA UN PLAN DE ESPIONAJE REAL “EL PLAN CÓNDOR JUJEÑO” 

Hoy publicó el diario La Nación un artículo de Joaquín Morales Solá “advirtiendo” que la difusión de escuchas telefónicas es un delito. Cómo será la persecución que hasta los más devotos ponen sus barbas en remojo. El que con niños se acuesta…Jujuy es la primera provincia sometida a un plan de inteligencia diseñado y coordinado por los servicios de seguridad del país y el extranjero para instalar el espionaje al servicio de un partido p…

Origen: MACRI AUTORIZÓ A GERARDO MORALES A PONER EN MARCHA UN PLAN DE ESPIONAJE REAL “EL PLAN CÓNDOR JUJEÑO” 

Condenando a Milagro Sala

Soy fanática de este bloguero, pero nunca reblogueo nada. No le tomo la mano a esto de tener un blog. Hoy haré un esfuerzo y ampliaré la posibilidad de que le lean palabras tan sabias.

El blog de Abel

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Hoy, un tribunal de Jujuy condenó a Milagro Sala, la dirigente de la organización barrial Tupac Amaru (además de otros activistas o acusados de eso) a tres años de prisión en suspenso por liderar un escrache en 2009. Una acusación banal -el escrache es un deporte nacional, que practican militantes y caceroleros- pero es el mecanismo legal para sentenciarla a prisión efectiva en otras causas. Mientras tanto, se la mantiene en prisión preventiva.

Sobre el asunto se han pronunciado muchos y muy diversos, desde las Naciones Unidas hasta la mayor parte de la franja dirigencial del peronismo (Creo, no estoy seguro, que el PTS fue la única otra fuerza política que condenó el atropello). Los blogs “del palo” han sido muy elocuentes, en especial en estos días.

Por mi parte, me limito a repetir algo que subí hace ya casi un año, cuando Milagro fue detenida. Que explica, en parte…

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Los docentes y la corrección

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Los docentes y la corrección

“(…), creo que la libertad de cátedra de los profesores tiene que ser combinada

Con un debate público sobre los efectos políticos y éticos de la enseñanza en su conjunto.”

Inés Dussel, (2011)

 

A los docentes se nos critica a menudo (y no sin fundamento) que hablamos mucho. O que expresamos las ideas (vale también para lo que escribimos) con excesiva cantidad de palabras. Y esto resulta contraproducente al efecto buscado en nuestro intento comunicativo: más que explicar, confundimos.

Probablemente esta “falla” se deba a que nos contagiamos de la preferencia marcada por el tecnicismo que implementan las instituciones que se dedican a la formación docente y así, el lenguaje “técnico” y su terminología incomprensible para quienes no pertenecen al medio impiden que, al expresar nuestras ideas, no quede claro a qué punto nos estamos refiriendo específicamente.

Para discurrir sobre este operativo nuevo, cuya implementación está ya en curso, “Aprender 2016” nos expresamos usando los mismos términos que intempestivamente nos imponen, como “evaluación” “calidad educativa” e incluso “aprender y enseñar”, conceptos de indiscutible riqueza semántica pero que no se refieren puntualmente a lo que se está discutiendo aquí.

¿O qué es lo que se está discutiendo aquí?

Los profesores de escuela (incluyo en esta categoría todos los que se dedican a la tarea docente dentro de las escuelas en los distintos niveles y modalidades)  reconocemos como nuestra principal tarea educar a los niños, jóvenes y adultos. Como “educar” es una palabra simple y casi sinónimo de “enseñar” (casi, casi, no significan lo mismo), solemos usar alguna paráfrasis para tal labor como “brindar educación” o “posibilitar el acceso al conocimiento” que puede resultar más pintoresca.

Tanta referencia a “evaluar” desdibuja la actividad de “corregir”. Y algún que otro tecnócrata me censurará el uso del término, al menos en relación a la docencia y las corrientes pedagógicas de prestigio en la actualidad. En el título del presente escrito no aparece la palabra “corregir”, sino “corrección”, que es un sustantivo abstracto. Y el concepto es relativo, ya que la corrección de algo es un atributo que se obtiene según si el objeto que la ostente se atenga o no a determinada normativa.

Los docentes pasamos mucho tiempo “corrigiendo”. Corregimos las pruebas escritas, los trabajos prácticos, las “actividades” que realizan los chicos, la “ejercitación” que les proponemos… difícilmente no “corrijamos” lo que se haga en clase, dentro del aula o si lo hicieron en casa. Tanto lo que hacen los chicos como lo que hacemos nosotros mismos, nos la pasamos corrigiendo. Pueden tomar esta categórica afirmación como una suerte de auto-denuncia, pero tampoco es éste el punto en el que quiero detenerme.

Y aquí sí mi señalamiento: ¿Es posible una evaluación cabal cuando nos obsesiona corregir?

Bogo por la inocencia de los docentes al observar que no sólo nos obsesiona, también respondemos a la presión que institucionalmente recibimos por calificar, entregar notas y boletines, responder a los alumnos que parecen accionarse mecánicamente al imperativo de que algo “va con nota” o a la numérica representación de lo que consideramos que ellos han respondido a nuestra expectativa. Y cuando pongo “nuestra” me refiero a la expectativa del profesor, exclusivamente.

Alguna presión muy poderosa instruye a los docentes a hacer de la observación del respeto a una normativa específica un culto que regentea prácticamente toda nuestra labor. Si no usamos la palabra “corregir” es porque algún eufemismo más anecdótico la suplanta, como “estoy viendo lo que hacen los alumnos” o “les estoy tomando”… pero caemos irremediablemente en la actividad de “corregir”.

En cualquier actividad escrita nos atrae con mayor intensidad indicar en qué se equivocó el estudiante (a menudo se puntúa específicamente algo como “comprendió la consigna”, que en realidad corresponde a “respetó la consigna”, porque pudo haberla entendido completamente pero resolvió no respetarla y elaborar otra idea que la propuesta) que qué es lo que aprendió.

Y dentro de lo que aprendió, a menudo pueden incluirse contenidos que no estaban previstos en la planificación del docente. Me atrevo a decir que siempre. ¿Cómo podría un docente imaginar siquiera qué es lo que va a aprender un alumno? Entonces usamos fórmulas que parecen frases de hechizos mágicos como “expectativas de logro” u “objetivos de aprendizaje” o como se llamen.

La docencia es una actividad dinámica, muy poco rutinaria, de constante desafío y por lo tanto muy interesante. Como contrapartida debemos reconocer que es agotadora y requiere de mucho cuidado personal en los tiempos de recuperación del desgaste. Por eso los docentes debemos tomarnos el tiempo de reflexión, de observación, de detener la vorágine que nos impone una actividad personalmente muy demandante.

Nos provoca miedo, alimenta nuestra inseguridad este abismo que se abre a un mañana que no tiene planificación posible, que son los alcances de nuestra labor en relación al futuro (inmediato y a largo plazo) de cada uno de los alumnos con quienes nos vinculamos pedagógicamente.

Y este “tic” correctivo es nuestra forma de protegernos, de ampararnos dentro de una norma (una matriz) incorporada que nos resguarda de dar pasos en falso. No existen los pasos en falso en docencia, cada paso es un paso hacia algún lado.

Lo único que nos resguardará de dar pasos en dirección contraria a dónde queremos ir es tener claro hacia dónde vamos. Y determinar ese objetivo no es una tarea individual, sino colectiva. La mejor manera de evitar “equivocarnos”  es comunicarnos entre nosotros, para acordar objetivos y las coordenadas que definen cuál es ese lugar.